De volcanes y ríos, y de muertos no tan sombríos

y ete que aqui
que tironeada
que enredada
entre arañas
y vocingleras
huyo ligera
de las vasijas rotas
y tonadilleras
que cantan loadas
cuotas

mis sandalias
de espartos
y de mieles
y de trenzas
morenas
y de cantaros de aguas
limpidas sobre piedras frías
y montañas calientes

me dejan los pies descalzos
de nuevo en el lecho de río
huida de la ciudad del ruido
y los quebrados
mis muertos fieles
quizá menos consternados
o menos crueles
me dejan jugar con ellos
compartiendo la soledad
de sus múltiples horas
y mi eterna idoneidad
con los laureles
trenzados en coronas
símbolo de la eternidad


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